38 AÑOS DE ARQUITECTURA, y algo más...



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Arq. Rubén Esteban Cabo



martes, 8 de junio de 2010

La ciudad, su historia, y nosotros

Todas las ciudades tienen una estructura histórica, y Allen no es la excepción. Resulta interesante saber que esa estructura interna parte de los aspectos fundacionales, contemplando la época de constitución del lugar, del cómo se produjo su evolución a lo largo del tiempo y en sus diferentes espacios, de cuáles son las huellas que quedaron de los diferentes períodos y en cada intervención de sus habitantes, del cómo fue la consolidación de sus continuidades urbanas y arquitectónicas, las de sus servicios públicos y las de su equipamiento urbano. También forma parte de esta estructura histórica el registro de imágenes de la ciudad, del barrio, de la chacra, el registro de paisajes, historias, costumbres, leyendas, etc. debiendo recordar que otros aspectos a tener en cuenta son la música que caracteriza a la ciudad, su literatura, su teatro, sus actividades deportivas, tanto comunitarias, populares o de élite.

Ahora bien, a pesar de la complejidad de esta estructura histórica, son muchas las veces que creemos, sencillamente, que está compuesta por edificios o sitios urbanos que encierran algún sentido especial para la población, o simplemente porque son muy antiguos. Pero no es así, la estructura histórica de la ciudad va mucho más allá de un edificio o de un lugar, y de la antigüedad que posea. En Allen existen varios trabajos de relevamiento y registro de costumbres, historias, poesías, edificios y sitios, que conforman esta estructura histórica. En las escuelas, en planillas confeccionadas por docentes en cursos de perfeccionamiento, en el Archivo Municipal, en libros, apuntes, artículos periodísticos y literarios, versos y canciones, y por sobre todo en la memoria colectiva de la población.

Mi intensión no es la de reproducir un largo listado de todos y cada uno de los elementos que conforman la estructura histórica de Allen, sino la de poder convocar a una reflexión que nos permita tomar conciencia de que cotidianamente y entre todos construimos nuestra estructura urbana histórica, a veces sin saberlo, y otras sin quererlo. A la ciudad le pasa lo mismo que a los seres humanos, y es entonces que como entes dinámicos saltamos de la euforia y la alegría optimista por la vida, a negarnos a nosotros mismos, sin querer ver nuestro interior, despreciando nuestros ancestros, y que por eso, para no ver nuestra historia, en vez de consolidarla, la destruimos. En algunas ocasiones la vamos derrumbando lentamente con la desidia y la apatía de muchos, mientras que en otros momentos nos castigamos con el latigazo hábil, voraz y letal de unos pocos que superponen sus intereses propios a los intereses comunes a todos.

En definitiva, grande es la incidencia que tiene toda la población sobre nuestra ciudad al darle una forma específica al cómo somos todos y cada uno de nosotros. Por ejemplo, deberíamos ser concientes que estamos definiendo a nuestra ciudad cada vez que usamos los espacios públicos y los privados, a veces sin dudar en destruirlos, pero en otras resguardándolos como nuestra heredad más trascendental. Definimos la ciudad al organizar nuestras actividades, al movernos por sus calles urbanas o rurales, con las actitudes que adoptamos, con nuestra música y sus silencios, con cada manifestación cultural que somos capaces de expresar, con la solidaridad que traspasa la puerta de nuestras casas.

En esta lucha de los allenses por construirnos, y hasta tanto no logremos un crecimiento reflexivo, equilibrado y continuo, vivimos momentos de euforia donde nuestra intervención en las acciones sociales desborda de voluntades abiertas y participativas, pasando luego a otros momentos donde nos asalta una desidia e indolencia que nos empuja a echar abajo mucho de lo construido, profesando un amor por lo propio y personal sobrevalorizado de tal forma que nos termina transformando en un pueblo socialmente egoísta y envidioso.

El resultado que arroja la construcción de esta estructura histórica de la ciudad, es la que permite definir nuestra identidad, nuestro espíritu social, nuestra vocación por el tiempo y el espacio que ocupamos, posibilitando una intervención en el diseño de la ciudad sin agresiones, con la mejor calidad de vida posible, en armonía, y resaltando todo lo hermoso que somos como pueblo valletano, con un sosiego urbano deseado por muchas comunidades, con una gran capacidad de autoabastecernos, alejados, todavía, de la vorágine del consumismo que nos acecha, recordando siempre que cuando construimos nuestra ciudad, invisiblemente estamos construyéndonos a nosotros mismos, y que cuando nos construimos a nosotros mismos, también construimos la ciudad que habitamos.





Publicado en Diario Río Negro el 4 de Junio de 2010

miércoles, 28 de abril de 2010

Modelos de crecimiento

Al compartir algunos criterios de la Profesora en Filosofía Telma Barreiro, es que me planteo que si bien en numerosas oportunidades se escucha hablar sobre sociedades desarrolladas, subdesarrolladas, o en vías de desarrollo, son muy pocas las veces que escuchamos conceptos sobre el desarrollo o el crecimiento humano.
Es común observar que el eje principal de los proyectos de vida en nuestras comunidades pasa principalmente por el intento de lograr un crecimiento económico acompañado, generalmente, por la búsqueda de un crecimiento tecnológico. Este crecimiento va dese la “posesión y manejo” de un teléfono celular, un MP4, equipos de audio, videos, hasta el de las computadoras más sofisticadas, ya sean para “jueguitos” como para la producción robótica virtual o mecánica en la automatización de la industria, la medicina, etc.

Dos razones irracionales y un modelo discordante
Hacernos considerar que el desarrollo económico y tecnológico de una sociedad gesta el desarrollo humano de sus miembros es una de las razones que atraen nuestra atención, de tal forma, que la adoptamos naturalmente como una condición necesaria y suficiente para que el ser humano “crezca”, resultando como lógica consecuencia tomar a las personas como instrumentos, muy complejos, pero instrumentos al fin.

La otra razón que muchas veces nos impide profundizar sobre el crecimiento humano es la que nos lleva a suponer que nuestra cultura ha logrado el mayor grado de desarrollo posible, y que formamos parte de una “civilización” desde donde podemos observar y distinguir al resto de los seres humanos que no forman parte de ella como si fueran de una categoría que está por debajo de la que sentimos estar.

A partir de estas nociones es que se propaga dentro de nuestra sociedad la existencia de un arquetipo de mujer y de hombre adulto “normal” o “maduro” que es regido desde la ausencia de políticas de estado nacionales, consolidada -dicha ausencia- por el modelo que ejerce su supremacía por sobre el resto, y que la concreta a partir de la existencia de una “no política” de estado, de tal forma que nos incorpora, y nos da respuesta a las necesidades económicas e institucionales del actual modelo de sociedad que conformamos, logrando que normalmente no discutamos dicho modelo.
Por otro lado, este prototipo al que somos llevados a ser, es lo necesariamente pobre como para no permitir el desarrollo de nuestras potencialidades humanas en relación con todo lo superior a nosotros mismos, todo lo que está fuera de cada uno de nosotros, y todo lo que está dentro de nosotros. Como consecuencia directa, no se nos ocurre pensar que otro modelo es posible.

Quienes orillamos las seis décadas de vida podemos recordar cómo en nuestra adolescencia y juventud vivíamos profundos cuestionamientos al modelo que se nos implantaba como algo natural. Muchas veces, sin llegar a comprender profundamente lo que acontecía, nos fuimos encontrando ante el nacimiento del movimiento hippie como una acción contracultural al sistema hegemónico reinante, o cuando a fines de la década del ’60 el mundo era escenario del “Mayo Francés”, donde obreros y estudiantes gestaron cambios que se expandieron a muchos otros países del mundo. También, en esa época, en nuestro país se desarrollaba un importante movimiento de protesta que recordamos como “El Cordobazo” y que aceleró la caída del entonces gobierno de facto autodenominado “Revolución Argentina”. En nuestra región, también fuimos actores de masivas protestas sociales que quedaron históricamente registradas como “El Cipollettazo” en la ciudad de Cipolletti, y un poco más tarde “El Rocazo” en General Roca. Más cerca en el tiempo, podría interpretarse como un intento de movilización sociocultural canalizado desde el Estado la realización del Congreso Pedagógico Nacional durante el gobierno de Ricardo Alfonsín.

Actualmente, cuando observamos las protestas populares que se producen en diferentes lugares del territorio nacional, en su mayoría se remiten al reclamo por un mejor crecimiento económico y no por un mejor crecimiento humano. Podemos recordar el “cacerolazo” producido a fines del 2001, o las movilizaciones surgidas a partir del conflicto entre el gobierno nacional y el sector agropecuario, y que explotara con el aumento de las retenciones. Por otro lado, es un hecho cotidiano vivir cortes de calles o rutas exigiendo una reivindicación de mejoras salariales, o la exigencia de un aumento de los planes trabajar.

Crecimiento primario y crecimiento de maduración
En este contexto, el análisis sobre la existencia de una “no política” de estado referida al crecimiento humano puede observarse más claramente, y así vislumbrar a qué intereses responde. Los líderes sociales y los propios educadores de la sociedad, inmersos dentro del escenario social al que pertenecen, en su gran mayoría pierden coherencia con las acciones resultantes a lo largo de la educación brindada y de la formación que entregan al conjunto de la sociedad. Considerando la existencia de por lo menos dos diferentes tipos de crecimiento, el primario y el de maduración, se puede analizar cómo el modelo hegemónico se realimenta por medio de un desarrollo humano a partir de la tipología del crecimiento primario, y desvaloriza al crecimiento de maduración.

Al crecimiento primario se lo identifica como al proceso de crecimiento que se produce durante la lactancia, la infancia y la adolescencia, preparando al ser humano para su adultez. Este crecimiento es el que constituye una exigencia biológica, y determina la finalización del crecimiento de cada ser humano, dándole características al proceso con una etapa de crecimiento (niñez, adolescencia), otra llamada de estancamiento o permanencia (adultez), y una final de decadencia (vejez, ancianidad).
Por otro lado, se puede reflexionar que, además del crecimiento primario existe potencialmente otra posibilidad de crecimiento no definida por las exigencias biológicas ni por los cambios substanciales en el cuerpo, donde el aprendizaje es mas lento, menos espectacular, respondiendo a una potencia psíquica del hombre, inmerso en su medio, y sin reconocer un límite en la edad del sujeto para su desarrollo. Esta concepción es la que se identifica con la designación de crecimiento de maduración.

Una nueva intersubjetividad
A modo de síntesis elemental, el crecimiento primario puede emparentarse directamente con una acción teleológica instrumental, donde el sistema dominante establece una inversión instructiva en la etapa de crecimiento (niñez y adolescencia), para obtener su retribución durante el transcurrir de la etapa identificada como permanencia, estancamiento o meseta (adultez) y descartar todo tipo de interés en la etapa de decadencia (vejez y ancianidad) hasta que se produzca la muerte. En todas estas etapas, el fin justifica los medios y la relación del hombre con su mundo objetivo, encontrándose cada vez más mediado por la técnica. Seguramente, comprendiendo esta visión, se pueden encontrar respuestas al por qué después de cierta edad es casi imposible conseguir trabajo remunerado, o poder volcar las diferentes experiencias de vida para que socialmente no se reiteren los mismos errores, o tratar de aumentar los niveles de educación más allá de los necesarios para alimentar al modelo externalista predominante.

En lo referido al crecimiento de maduración, la concepción es totalmente opuesta. Si bien existe el crecimiento primario, al considerar un permanente crecimiento en el ser humano hasta su muerte la relación del hombre con su mundo objetivo cambia totalmente. El reconocimiento por el saber de los mayores lleva a una relación de respeto, donde el ser humano no es cosificado, y por ende, tampoco es desvalorizado. La relación entre los hombres define la búsqueda del acuerdo que permita su desarrollo humano. Este tipo de crecimiento admite un acuerdo libre de coacciones, coordinando planes de acción, y otorgando una verdadera legitimidad de origen y de fines basada en acuerdos sociales y en políticas de consenso, respectivamente. En este caso estamos frente a una potencial teoría generativa que posibilita darle forma real a las características enunciadas aunque a simple vista parezcan utópicas.

Por último, es posible afirmar que en este punto nos encontramos a una distancia muy próxima para incorporar los pensamientos que hacen al nacimiento de una contra-hegemonía, conformando un sistema con nuevas relaciones sociales, nuevas relaciones políticas, y una intersubjetividad como producto social inherente de la cultura humana, en conversación directa con toda la sociedad, y otorgando al ser humano un nuevo potencial poder popular.

Rubén Esteban Cabo / Arquitecto
Publicado en Diario Río Negro el 27 de marzo de 2010

jueves, 18 de febrero de 2010

La trampa de la vida cotidiana

Los hechos ocurren siempre en el marco de otros hechos, y este marco que se puede identificar como el contexto de los acontecimientos más destacados, en muchos casos pasa desapercibido, generalmente como consecuencia directa del hacer cotidiano.

El escenario en el que desarrollamos nuestra actividad cotidiana define un espacio social donde se entremezclan lo local con lo nacional, el quehacer nacional con el internacional, la esfera que nos contiene a cada habitante con la gran esfera globalizadora, superando cualquier división política posible, y llegando en muchos casos a un complejo estado de desorientación individual y social dentro del mismo escenario que construimos los seres humanos para uso propio.
Dentro de esta situación nos entremezclamos los actores sociales con el Estado, donde los roles que definen nuestra ubicación social y los niveles de responsabilidades se desfiguran, trocándose los valores que determinan nuestra identidad cultural y el sentido de pertenencia, e intercambiándose los roles que juegan en la especificación de los diferentes espacios de poder.
Como dijera, todo esto ocurre dentro del espacio que organizamos para satisfacer nuestras necesidades de habitar, trabajar, recrearnos y circular. Por supuesto, esto ocurre dentro de un tiempo, que como ya lo marcó Charles Eduard Jeanneret (Le Corbusier) en sus “Principios del Urbanismo – La Carta de Atenas”, queda definido bajo el concepto que expresa que “la journée solaire de 24 heures rythme l’activité des hommes”, interpretando su frase como que la jornada solar de 24 horas es la que marca el ritmo de la actividad del hombre. Este mismo ritmo es el que debería definir una correspondencia entre la jornada del hombre y los medios masivos de comunicación, que es decir entre lo cotidiano y el conjunto comunicacional que nos rodea cuando trabajamos, cuando circulamos, cuando estamos dentro de nuestro hogar, al recrearnos, y en todo momento, a pesar de que hoy ya no sea así. Ese ritmo cíclico tiende a desaparecer, provocando un desequilibrio en la labor, el trabajo, y las acciones del hombre.

La vida cotidiana

La vida cotidiana la vivimos constantemente a partir de nuestro accionar, determinando la posesión de un tiempo y un espacio de vida. En la actualidad este hacer casi no es cuestionado, sosteniéndose desde la reproducción monótona, desde lo que se considera evidente, desde el conjunto de ideas que la sociedad obtiene a partir de patrones culturales previamente establecidos, desde el hacer sin reflexionar, dejándose dirigir sin cuestionamientos, y llegando a una aceptación conformista de nuestra vida cotidiana en pos de poder concretar la labor que permita asegurar nuestra supervivencia individual.

A partir de las vivencias directas, y de las que reiteradamente tenemos frente a nosotros en la pantalla de un televisor, de una computadora, en la prensa escrita, o en el quehacer radiofónico, creemos construir una vida cotidiana que muchas veces no es cimentada por nosotros mismos, y mucho menos como defensa del propio desarrollo del ser humano.
Posiblemente esta situación sea la que nos lleve a tomar cada vez con mayor naturalidad la utilización que se hace de cada uno de nosotros por parte de quienes ostentan el poder económico mundial, ya sea como ser omnipresente y supranacional ejercido sobre nuestra nación y sus gobernantes, o a nivel individual y local, pretendiendo hacernos creer que esto no es así.

Lamentablemente nuestra vida cotidiana nos lleva a aceptar con normalidad la cantidad de robos y muertes que se producen a nuestro alrededor, la falta de trabajo, la deserción escolar, el analfabetismo, el crecimiento de la pobreza, que los planes de asistencia social se transformen en condicionantes políticos en lugar de asistir con dignidad, que la contaminación ambiental sea considerado un hecho intrascendente, o que las muertes evitables no se eviten.

Cada uno de estos enunciados tiene una enorme cantidad de ejemplos concretos. Muy cerca nuestro puede observarse como aceptamos que la ciudad de Neuquén arroje el 50% de sus deshechos al río sin tratamiento alguno, que las “tomas” sean la forma de resolver la necesidad de viviendas en el alto valle, que docentes o chacareros realicen “cortes” de rutas para reclamar un resarcimiento económico, que muchos niños, adolescentes, y jóvenes tengan como proyecto de vida poder lograr un “plan trabajar”, que los maestros tengan que preocuparse más por un comedor escolar que por la educación, que los hospitales tengan carencias básicas, que las toneladas de biocidas que se arrojan en el alto valle para resguardar la producción frutícola provoquen en la población trastornos en las vías respiratorias, dermatitis alérgicas, alteraciones en el sistema nervioso central, efectos adversos en las funciones cognitivas, en el desarrollo del recién nacido, etc. llegando a ser más importante un kilo de fruta que el resguardo de la vida humana. Se podría seguir ampliando la lista de ejemplos de hechos que asumimos cotidianamente como algo natural, como ha ocurrido con la pérdida del ritmo cíclico de las actividades del hombre, casi pareciéndonos a la industria de los criaderos de pollos, donde aplicando 24 horas de luz continua, se aceleran los tiempos para faenarlos. A veces siento que se intenta llevarnos a un “criadero global de seres humanos” cuyo único objetivo es buscar que seamos más productivos, y que al momento de nuestra muerte, simplemente podamos ser reemplazados instantáneamente por otro producto del criadero.

En síntesis, independientemente de cualquier ideología, filosofía, o religión, la vida cotidiana es la vida de cada persona, su existencia misma, es la historia individual de cada sujeto en un aquí y un ahora, la cual está inmersa en una determinación de pluralidades y generalidades que no son más que un producto del complejo sistema de relaciones interpersonales que se establecen a partir de la conformación de los distintos tipos de grupos en los que confluye, y a partir de las condicionantes económico-sociales en las cuales nos desenvolvemos cada persona. La vida cotidiana muestra un mundo subjetivo que el sujeto experimenta, y a la vez ese mundo también es intersubjetivo, social, compartido. Para cada uno de nosotros "mi mundo" es un mundo que vivo con otros. Los hechos se aceptan como parte de un todo conocido, y la repetición de lo que vemos y hacemos a diario, como algo normal que provoca en cada persona la sensación de que esa forma de conducirse es la lógica, impidiéndonos reflexionar sobre nuestras propias vidas y los cambios factibles.

Aunque estemos transitando un fuerte individualismo y desintegración global del ser humano, y más allá de lo que la mayoría del estrato dirigencial argentino pretenda hacernos creer para sostener su “estatus quo”, cada uno de nosotros tenemos el derecho y la capacidad potencial para observar y fijar los términos de nuestra propia vida cotidiana, lo que implica pensar un proyecto de vida que en lugar de satisfacer necesidades exógenas, satisfaga nuestras necesidades propias y las de la comunidad que integramos.
Rubén E. Cabo
Publicado el 17 de febrero de 2010 por el Diario Río Negro

martes, 26 de enero de 2010

El Espacio Público y la Escuela

Para no caer en un régimen arbitrario, autoritario, abusivo, o despótico, es necesaria la democracia política, es decir, poder elegir libremente a nuestros gobernantes en cada período determinado. Pero la mera existencia de esta democracia política no es suficiente, ya que toda decisión política siempre está condicionada, incluso determinada, por todo lo que ocurre en la sociedad, y de una forma o de otra, somos todos nosotros, como sujetos sociales, los que de diferentes maneras nos manifestamos siempre. Este libre disenso es el que consolida al sistema democrático, y son los espacios públicos de comunicación y urbano-ambientales los nos dan la oportunidad de exteriorizarlos. “Solamente allí donde el disenso es libre de manifestarse, el consenso es real y que, solamente allí donde el consenso es real, el sistema puede llamarse justamente democrático.” (Bobbio; 1.996)

Actualmente estos espacios están dominados por intereses sectoriales que responden a la franja dirigencial política, económica, gremial, deportiva, social, e inclusive religiosa. Muy probablemente este sea uno de los motivos por el cual las políticas de gobierno se transformen en más importantes que las políticas de Estado, satisfaciendo las exigencias de estos sectores y no las necesidades de la comunidad.

Sin dudas, el primer espacio social de participación está dado en la escuela, y especialmente en la escuela pública. Esta participación es fundamental para determinar una política de Estado educativa que trascienda las políticas de gobierno de cada período de gestión gubernamental. Mientras las gestiones de gobierno y sus políticas se desarrollan dentro de un período de tiempo acotado (lo que dure cada mandato) las políticas de Estado trascienden dichos tiempos con una proyección que debe ser fijada por la comunidad en su conjunto. Por ello es fundamental el aprendizaje democrático desde la escuela.
Freire se refiere a esta situación cuando expresa que “Es preciso y hasta urgente que la escuela se vaya transformando en un espacio acogedor y multiplicador de ciertos gustos democráticos como el de escuchar a los otros, ya no por puro favor sino por el deber de respetarlos, así como el de la tolerancia, el del acatamiento de las decisiones tomadas por la mayoría, en el cual no debe faltar sin embargo el derecho del divergente a expresar su contrariedad. El gusto por la pregunta, por la crítica, por el debate. El gusto del respeto hacia la cosa pública que entre nosotros es tratada como algo privado, que se desprecia.” (Freire, 1994)

Este primer espacio público de discusión debe basarse en una libertad de pensamiento y expresión que permita tener una mirada crítica del “mundo de vida” del que formamos parte. Daniel Prieto Castillo aborda esta temática a través del pensamiento de Celestine Freinet determinando como uno de los fundamentos para la existencia de una “escuela del pueblo en una sociedad popular” el criterio de que “La escuela moderna se inscribe en la transformación social, la pedagogía se une a la práctica social y a la política”

A partir de estos conceptos se consolida el pensamiento que define la relación entre los medios de comunicación y los educadores, y que expresa que “… la consciencia es necesaria para la libertad, y por lo tanto nuestro papel como educadores consiste en ayudar a los alumnos a ser conscientes de los mensajes de valores incluidos en los documentos de los medios. Si son capaces de expresar esos valores, entonces estarán en situación de emitir juicios con respecto a ellos. También podrán de manera consciente encuadrar una lectura crítica del documento…” (Shepherd, 1996).

El análisis crítico realizado por Jesús Martín Barbero observando que la escuela
“fabrica” un hombre-serie como resultado de que “la cultura escolar prolonga la cultura del silencio. Asfixiada o domesticada la palabra del pueblo, la palabra pública, sigue siendo marginal o es hecha funcional.” (Barbero, 2002) nos remite a un estado de alerta que, incorporando los conceptos sobre la generación del espacio ocupado y su transformación en “lugares”, pueden estar vacíos de sentido o no, adquiriendo trascendencia el método de la “palabra generadora” como una práctica de comunicación educativa. La educación como praxis conlleva a que “las palabras salidas del universo existencial del hombre vuelven a él transformadas en modo de acción sobre el mundo.” (Barbero, 2002), es decir que cada sujeto emerge a través del lenguaje cuando el propio sujeto concreta la acción. Así Freire vinculó el sentido de la comunicación a la generación de un lenguaje capaz de nombrar el mundo propio, por ende también capaz de cambiarlo en forma consciente.

Recordemos que los nuevos espacios públicos, monopolizados desde los medios de comunicación, responden a los intereses de pequeños sectores de poder más que a los intereses generales de la sociedad, y que si bien estos intereses sectoriales no son formadores de opinión, sí determinan la agenda pública formadora de opinión.

Uno de los tópicos importante a tener presente es el referido a la intervención de la sociedad en los espacios e instituciones públicas, su decadencia participativa, y el descreimiento general existente, por lo que pueden buscarse algunas respuestas a partir de reconocer la existencia de “no lugares” antropológicos como nuevos espacios de la sociedad actual.

Si bien la escuela es parte de un escenario social que permanentemente condiciona su existencia, es ella la que debe ser la principal generadora de cambio de dicho escenario, y que de hecho lo es, aunque no siempre en beneficio del bien común, del desarrollo humano, y del de sus potencialidades.

Nada es absoluto, por lo que nada puede ser absolutamente apocalíptico, pero debemos estar muy atentos ante la actual organización del espacio, la visión del espacio público como mercancía a ser ostentada, los estereotipos negativos a los que somos sometidos constantemente, y la función de una escuela pública como primer espacio público con el que los miembros de una comunidad toman contacto concientemente. Esta mirada crítica nos permite vislumbrar una génesis de la actual actitud social, que se encamina hacia una paulatina desvalorización y posterior pérdida del propio patrimonio cultural, individual y social de la comunidad. Consientes de ello, es que recién podemos generar otra historia donde los intereses comunes estén por sobre los sectoriales, y donde la vida del ser humano sea el valor más preciado.

Arq. Rubén Esteban Cabo / Publicado en Diario Río Negro del 18/01/10

lunes, 14 de diciembre de 2009

Estas palabras están deslizándose por el espacio, nada más que para retribuir tu compañía a lo largo del año compartido.

Muchas veces fueron opiniones, otras lecturas silenciosas, y en diversas oportunidades fue tu pensamiento que llegó hasta el mío, aunque no siempre nuestras miradas tuvieron la posibilidad de entrecruzarse.

Nada nos pertenece hasta que lo agradecemos, por eso quiero darte las gracias por haberme recibido, y desearte éxito, que no es otra cosa que desearte una vida plena y feliz, con una esperanza de Paz y Amor para vos y tus seres queridos.



Levantaré mi copa anhelando un próximo encuentro.
Rubén Esteban Cabo / Diciembre 2009

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Visita a Buenos Aires

Entre los días 11 y 17 de octubre pasados, tuve la suerte de pasear unos días por la ciudad de Buenos Aires, lo que me permitió realizar varias actividades.

Además de emocionarme en el cine del Complejo "Tita Merello" donde pude apreciar el documental "Tierra sublevada" del Director Fernando Pino Solanas, en el "Centro Cultural Cine Teatro 25 de Mayo" con la obra de teatro de Eduardo Rovner “Illia. ¿Quién va a pagar todo ésto?”, y de encontrarme con familiares y amigos, concurrí a tres muestras específicas sobre arquitectura, queriendo compartir algunas de las sensaciones vividas.




La primera visita, acompañado por mi hijo Pablo, quien también es Arquitecto, fue al Centro Cultural Recoleta. Allí se desarrollaba la XII Bienal Internacional de Arquitectura. Esta visita la limité a recorrer la muestra de proyectos y obras de arquitectos de diversos lugares del mundo. Como en toda muestra, había propuestas muy interesantes, y otras no tanto.

A pesar del tiempo transcurrido, la sala que me hizo vibrar fue la
correspondiente al principal protagonista del renacimiento arquitectónico internacional del siglo XX. Me estoy refiriendo a Charles-Édouard Jeanneret, internacionalmente conocido por su famoso apodo: Le Corbusier.


En esta sala se exhibía documentación fotográfica de su obra realizada en la ciudad de La Plata en el año 1954, la casa del cirujano argentino Pedro Domingo Curutchet. Sin dudas que en mi aprendizaje profesional existe una gran influencia “lecorbusiana”, lo que posiblemente motivó estas vibraciones emocionales.







La segunda visita fue al Hipódromo de Palermo. Por supuesto, esta visita no fue motivada por mi nula pasión por “los burros”, sino porque allí se desarrollaba una nueva versión de Casa FOA. En la búsqueda por el equilibrio del diseño arquitectónico, la variedad de elementos expuestos permitían observar un interesante nivel de producción y decoración de múltiples espacios interiores, agregándose algunos espacios exteriores agradables y armónicos.














Por último, en las instalaciones de Costa Salguero, a escasos metros del Aeroparque Jorge Newbery y del Río de la Plata, recorrí una interesante cantidad de stands de la XVII “Feria Internacional de Materiales y Tecnologías para la Construcción” –FEMATEC– y donde me encontré con un apreciado compañero de lucha por resguardar los valores que hacen a la conservación del patrimonio cultural edificado, el Lic. Eduardo Leguizamon, editor de la prestigiosa revista Hábitat.
Si bien se observaba un rango expositivo menor a otros años, siempre es bueno obtener información y muestras de materiales no obtenibles fácilmente en el Alto Valle, y más allá de saber que en nuestra región no siempre es fácil acceder a los mismos.




Llegando a la finalización de este año 2009, quiero agradecer que me permitan compartir este viaje con ustedes, esta lectura, y los comentarios recibidos.

sábado, 3 de octubre de 2009

Allen diseña su futuro


Ante un escenario social cada vez más complejo, donde las situaciones de crisis se agudizan y la incertidumbre crece, se hace imprescindible un cambio de visión y de calidad en los procesos de gobernabilidad, exigidos por la actual dinámica económica, cultural y social.
Hoy es necesario profundizar los procesos participativos a pesar de las dificultades que implican, como son los conflictos de intereses, los problemas de representatividad, el déficit en la convocatoria a las jóvenes generaciones.
En el caso de Allen es importante la rehabilitación de un espacio de construcción colectiva donde puedan estar representados los diferentes sectores y organizaciones de la comunidad para retomar la discusión sobre cómo planificar la vida allense en todos sus aspectos.
Sujeta a los acontecimientos políticos, económicos y sociales del país, la ciudad de Allen, al igual que todas las ciudades argentinas, enfrenta el desafío de integrar sus recursos humanos, económicos y ambientales, con el objetivo fundamental de permitir el crecimiento de sus habitantes. Concretamente, para Allen es urgente lograr un consenso entre vecinos y gobierno que permita un desarrollo sustentable a lo largo del tiempo y como idea de vida democrática.
En oportunidad de interrelacionar nociones sobre poder, soberbia y planificación, quedaron explícitas tres tipologías de planificación: la normativa, la estratégica, y la prospectiva, respondiendo cada una de ellas a diferentes concepciones del poder. (Diario Río Negro, 11/08/09)

Planificación Estratégica
De acuerdo con definiciones del Centro Nacional de Organizaciones de la Comunidad (CENOC) la Planificación Estratégica se define como un método que permite planear acciones para resolver los problemas detectados y lograr los objetivos que se deseen en la organización social, siempre en forma conjunta con los actores sociales que conforman dicha comunidad. En esta búsqueda de pensar juntos el futuro, se considera a la ciudad como una totalidad y no como la suma de un cúmulo de personas, actividades y proyectos sueltos, teniendo en cuenta lo que ocurre dentro de la ciudad, lo que ocurre fuera de ella, y sus interrelaciones.
La participación y defensa de los intereses de cada sector frente a los otros, permite ver y pensar más allá de los problemas particulares. Además, este tipo de planificación es lo suficientemente flexible como para corregir su rumbo ante los cambios de condiciones de la ciudad o de la región que integra, en este caso la del Alto Valle. La idea que hace a la planificación estratégica define que, como resultado de los diferentes pensamientos y opiniones, las propuestas establezcan más de un único plan posible, fijando claramente que la responsabilidad del desarrollo de la ciudad es irrenunciablemrnte del estado municipal y del gobierno local de turno.
Allen comenzó este proceso en el ciclo 2002/04 construyendo un pre-diagnóstico participativo por medio de su Consejo de Planificación, avanzando con el PEA (Plan Estratégico Allen) durante el ciclo 2007/08 donde diversos sectores de la comunidad definieron lineamientos y proyectos estratégicos sociales, culturales, económicos, institucionales, urbanos, y ambientales, quedando a medio camino la etapa del desarrollo y la realización de dichos proyectos.

Plan regulador
Puede sintetizarse que un plan regulador es un conjunto de disposiciones para normalizar las actividades residenciales, comerciales, industriales, rurales, etc. del ejido municipal, organizar su red vial, preservar los recursos naturales, organizar la distribución de los centros educativos, de salud, de recreación, de los espacios públicos, del patrimonio arquitectónico. En síntesis, un Plan Regulador pretende potenciar ordenadamente las iniciativas de los habitantes y mejorar las condiciones para el desarrollo de sus actividades.
Generalmente el plan se plasma en Ordenanzas, Reglamentaciones, Códigos Urbano y de Edificación, y un conjunto de planos con zonificaciones, vías de circulación, etc.
Hoy Allen está delineado su Plan Regulador, lo que podría hacernos sentir feliz y creer que está diseñando un mejor futuro.
Lamentablemente no creo que sea tan así, dado que el plan regulador de una ciudad surge como consecuencia directa de su planificación, ya sea normativa o estratégica. Si bien un plan regulador contempla los aspectos urbanos de la ciudad, quedan a la deriva muchos otros (sociales, culturales, económicos, institucionales, y ambientales) y más grave aún es la situación cuando las normativas reguladoras, por ejemplo para el crecimiento urbano o las vías de circulación, la consolidación o ubicación de futuros asentamientos rurales, educativos, sanitarios, etc. no están respaldadas por una estrategia de crecimiento definida por la comunidad, por el estado municipal, o al menos por los gobernantes del momento, dado que un programa de actividades o acciones de gobierno dista mucho de ser una planificación.
Toda legislación toma vigencia a partir de dos acciones. La primera se produce cuando es aprobada por el cuerpo legislativo, en este caso del Concejo Deliberante de la ciudad, y cumplimenta el proceso definido en la Carta Orgánica Municipal. La segunda acción está dada por el momento en que la población se siente identificada con esa norma, cuando la siente propia y en consecuencia le da cumplimiento, de lo contrario solo es letra muerta. Por ello es fundamental que el Estado Municipal dé publicidad a sus actos para ser analizados y discutidos por la ciudadanía a pesar del natural temor que puedan sentir quienes cumplen temporalmente con la función de gobernar y ante los juicios de valor a los que serán sometidos por dichos actos.
Según mi opinión, y más allá de no compartir el criterio metodológico utilizado, hoy Allen diseña su futuro, aunque no sea el mejor de los diseños posible.

Arq. Rubén Esteban Cabo
arqcabo@hotmail.com

sábado, 8 de agosto de 2009

Poder, Soberbia, y Planificación

Creo que el poder y la soberbia se encuentran íntimamente ligados. También pienso que cada uno de nosotros buscamos crecer y desarrollarnos, pero que muchas veces no vislumbramos claramente el contexto en el que estamos, y menos cómo y por quién fue planificado. No obstante, la democracia permite expresarnos y buscar los cambios necesarios para satisfacer nuestras necesidades de vida.
Un buen ejemplo de esta manifestación social fue la última elección legislativa. A nivel nacional el oficialismo perdió su representatividad mayoritaria. En Río Negro el gobierno provincial perdió su hegemonía electoral, y en el caso de Allen, mi ciudad, el partido gobernante quedó relegado a un tercer lugar. En todos los casos se trató de representaciones partidarias diferentes, lo que amerita preguntarse qué elementos en común motivaron la confección de dicho mensaje. ¿Será la concepción que se detenta del poder y la sensación de soberbia motivada por la forma de gobernar y planificar el futuro? Personalmente creo que algo de todo eso tiene que ver.


Poder mundial y poder nacional


Existe un poder peligroso cuya mayor característica es la de destruir y reorganizar todo lo que toca al mismo tiempo. Sin dudas, me estoy refiriendo al poder financiero. Este poder crea “suburbios del mundo” sumando una a una a las megaciudades comerciales y conformando un hipermercado universal donde reacomoda la fuerza de trabajo dentro de este nuevo mercado laboral mundial, otorgando su preferencia al trabajo calificado, y transformándolo en la plusvalía del desarrollo de la inteligencia. En síntesis, los centros financieros atacan a los estados nacionales y los obligan a disolverse dentro de las megaciudades, intentando eliminar las fronteras y “unir” las naciones.
Pero desde una mirada crítica, se puede encontrar una multiplicación de fronteras y una pulverización de naciones, fragmentación de países, y quiebres en la unidad de los estados nacionales. Aunque parezca una contradicción, el proceso de globalización del modelo neoliberal provoca un mundo fragmentado y enfrentado, consolidando un centro político y económico que impone la ley de los mercados a las naciones y a los grupos de naciones. En definitiva, el poder de las naciones se ve subordinado a estos centros financieros que ejercen el poder mundial, imponiendo una disciplina financiera basada en sus programas económicos.
Compartiendo el pensamientos de quienes perciben la existencia de cinco monopolios básicos que apuntalan el poder adquirido, creo interesante referirlos para tenerlos presentes y ponerlos en cuestión. Uno de estos monopolios es el tecnológico, que permite generar supremacía sobre el resto de los territorios, priorizando la inversión en tecnología, fiscalizando la información respectiva, y procurando, además, una coacción social. Un segundo monopolio se basa en el control de los mercados financieros, generando la liberación y globalización de las actividades comerciales. Otro es el acceso monopolista a los recursos naturales amparado por los países centrales, siendo muy pocas las naciones que tienen verdadero acceso a sus propios recursos naturales para defenderlos y/o explotarlos. El cuarto monopolio se define como el de los medios de comunicación, hiperconcentrados, con sus complejos productivos y corporaciones de agencias mundiales que dominan el mercado comunicacional. Por último, se percibe el monopolio definido por el control de las armas de destrucción masiva, quien otorga el poder suficiente para anular el potencial impacto que surja de los “suburbios del mundo”.
Se pueden compartir o no las ideas precedentes, pero es casi indiscutible que este poder engendra una mayor pobreza, un mayor dominio, y un mayor nivel de desigualdad entre los seres humanos.
El poder nacional, representado por el Estado en sus diversos niveles, puede en su generalidad adoptar una teoría instrumentalista sirviendo directamente al poder económico y controlar a la clase trabajadora, o adoptar una teoría no instrumentalista convalidando la propiedad privada por sobre todas las cosas, y vigorizando la división de clases.



Poder y soberbia


En muchas ocasiones los diferentes roles que debemos asumir pueden llegar a confundirnos tan fuertemente como para inducirnos al menosprecio de los demás y a una desmedida valoración de sí mismo, inclusive estimulando una altivez, un apetito desordenado y vehemente que conlleva a sentirse “el preferido” por sobre todos los demás. Es entonces cuando nos encontramos inmersos en el mar de la soberbia. Tres siglos antes de la era cristiana, Aristóteles sentía que la soberbia era una forma de insolencia, y Santo Tomás de Aquino en el siglo XI predicaba que la soberbia era un apetito desordenado de la propia excelencia. La soberbia hace sentir al ser humano con un poder que le genera el sentimiento de concebirse centro del universo, incluso construir una cosmología propia y erigir su propio modelo de universo. Según las escrituras sagradas la soberbia no sólo es el mayor pecado, también es la raíz misma del pecado, engendrando así su mayor debilidad. En síntesis, no se trata del orgullo propio, sino del menosprecio que se siente por el otro, de no reconocer a los semejantes como tales, de no aceptar la diversidad de pensamientos.
Dentro de las diferentes concepciones del poder, una de ellas llega a considerar que el poder no es una cosa, ni que está en alguien o en algún lugar específico. Otra concepción define al poder como una relación social, por lo que es imprescindible polemizar y argumentar ideas en dicha relación, tanto horizontal como verticalmente. Sumándome a estos conceptos, creo imprescindible establecer claramente que quienes han sido electos gobernantes deben carecer de toda soberbia. De lo contrario, y a partir de esa gran debilidad, estarían gestando en la población una lucha contra ese poder hegemónico que los ignora como sujetos, buscando dar a luz una contra-hegemonía que los respete y dignifique como sujetos humanos.



Planificación de nuestras vidas


A partir de la búsqueda del respeto por nosotros mismos surge una nueva concepción sobre los diferentes aspectos que definen las acciones, que es decir tiempo y espacio, tanto públicos como privados, actuales y futuros, buscando respuestas por saber si en esta planificación de nuestras vidas, seremos protagonistas de la historia. Para ello se pueden observar tres paradigmas de planificación que responden, entre otras cosas, a distintas concepciones del poder: la planificación normativa, la estratégica, y la prospectiva.
La planificación normativa trabaja con un criterio de verdad único y objetivo, donde el profesional interviniente cree tener el poder otorgado por el saber. Ese saber que está dado por lo académico, generalmente desconoce el saber de las prácticas sociales. Se trabaja con datos como si fueran compartimentos estancos, donde a mayor distanciamiento del objeto tratado, la planificación se considera más legitima. Por otro lado, la planificación estratégica considera que existen varias verdades al mismo tiempo, pero que una de ellas impera sobre las otras. Ante esta amplitud de criterios acepta varios diagnósticos posibles. Existe una tensión lógica entre el conocimiento científico y la práctica social, con predominio del conocimiento académico. Hay un diálogo subordinado a lo político, con apertura social, y planificándose desde el poder con estos criterios. La planificación estratégica respeta la interdisciplina, sumando saberes, pero sin llegar al cruce entre los mismos, sin lograr lo transdisciplinario. Usa una gran variedad de herramientas y su concepción puede resumirse en la frase “pensar en el hoy para actuar en el mañana”. Por último, la planificación prospectiva cree que la verdad se construye en el tiempo y el espacio en el que se desarrolla el mismo sistema de relaciones. Considera que el saber científico en sí mismo no es garantía de éxito, que los saberes son múltiples y que están en todos los actores sociales. Articula el saber y la práctica, es facilitadora de procesos, con una tarea educativa y donde prevalece la participación. Su concepción puede resumirse en la frase “pensar en el mañana para actuar en el hoy”.
Por supuesto que todo es relativo y ninguno de los conceptos enunciados se desarrolla en forma exclusiva, pero estas reseñas ayudan a encontrar el camino a recorrer. Reiterando que toda acción define un tiempo y un espacio, además de una concepción de poder, el pueblo argentino presentó un mensaje muy claro para la mayoría de la ciudadanía. Creo que no lo es tanto en los planos dirigenciales, posiblemente por la soberbia que les invade al sentirse dueños de algo que no les pertenece: el poder de nuestras vidas.

Arq. Rubén Esteban Cabo

miércoles, 27 de mayo de 2009

Allen, ¿qué hacemos?

Hoy, al mirar a Allen recordemos que su construcción es la construcción invisible de los allenses, de nuestra cultura, de nuestras relaciones, de nuestros objetos. El ser humano siempre es el eje principal de toda planificación, debiéndose respetar el crecimiento máximo de sus potencialidades y el desarrollo de los espacios que requiera para ello, urbanos y rurales.
Esta mirada percibe a Allen como una unidad espacio-temporal que define el “cómo vivimos” y el “cómo queremos vivir”, diferenciando dos aspectos, uno interno y otro externo. En el primero se ubica el espacio propio, mientras que en el segundo, y en relación con el resto de las ciudades del Alto Valle, está el Allen que participa en la organización de la región y en la definición del sistema de ciudades valletanas.
El conocimiento interno de la ciudad, más allá de valorarse como un paisaje urbano y descriptivo, nos permite comprender qué función cumple cada elemento de la ciudad. Encontramos una composición física basada en la forma del tejido urbano, la arquitectura, su base geográfica, el estado de las construcciones, las señalizaciones urbanas, etc. También se ubica una estructura vital, referida a la población y sus características, actividades, hábitos y costumbres, situaciones socioeconómicas, laborales, educativas, existenciales, de expresión, fijando la forma de moverse, de caminar, de la circulación del transporte, de los roles del automóvil, la bicicleta, la moto. Además, se determina el uso del espacio, tanto público como privado, su cuidado o destrucción. De igual forma se construye la solidaridad del pueblo, la forma de comunicarse, su nivel de participación. Existe otra estructura que involucra la percepción de los sentidos humanos. Cada ciudad tiene sus propios colores, texturas, aromas, muchas veces agradables disparadores de gratos recuerdos en el transcurrir del tiempo, y otras no tanto. Al mismo tiempo, dentro de la ciudad encontramos signos urbanos, hitos, referencias, símbolos, nodos que permiten orientarnos y construir nuestra propia imagen mental del lugar en el que vivimos, con sus tradiciones, mitos, leyendas, ritos, otorgándole una significación única. Por último, existe una época y un área fundacional que incluyen las huellas fijadas a lo largo del tiempo, marcando los cambios y las permanencias, y conformando la estructura histórica de la ciudad. Con respecto a este tema, recordemos que el ejido municipal de Allen se origina en el Decreto Nacional Nº 8464/43, firmado por el Presidente Pedro Pablo Ramírez en el año 1.943, donde se fija una superficie total de 12.826Ha, destinando 387Ha al casco urbano. En la actualidad, y según Ordenanza Municipal Nº 107/91, dicho sector tiene una superficie de 583Ha. En el ejido hay 7.066 parcelas urbanas y 970 rurales, al año 2008.
Nuestro Código Urbano, vigente desde el 15 de abril de 1982 por Decreto Nº 385 del Poder Ejecutivo provincial, no cuenta con actualizaciones significativas, y regula la ciudad según las características históricas de hace 27 años, precisando vías primarias y secundarias de circulación que hacían a la movilidad de la población de entonces. Es este mismo código quien determina las diferentes zonas urbanas, especificando qué se puede construir, cuánto se puede construir, y cómo puede subdividirse la tierra. La Ordenanza Municipal 046/04 actualiza estas zonificaciones, pero sin proyección posible.
En una muy apretada síntesis descriptiva sobre la infraestructura de servicios de Allen, se observa que más del 60% del área urbana cuenta con redes de agua potable, energía eléctrica, gas natural, cloacas, y pavimento. Del resto, la gran mayoría tiene a disponibilidad cuatro servicios, faltando generalmente el de pavimento. Existen aproximadamente 40 manzanas que cuentan solamente con energía eléctrica, agua y gas. Un tema irresuelto es el del arbolado urbano. En el área rural, la casi totalidad del ejido cuenta con energía eléctrica, y todas las escuelas rurales con agua potable por red, incluyendo a sus áreas de influencia.

Plan, Programas, y Proyectos
Con una interesante participación de instituciones allenses, y representando la diversidad de intereses sectoriales de la población, en los últimos años se formalizaron varias propuestas para ordenar el crecimiento de la ciudad, tanto desde el Consejo Municipal de Planificación como desde la confección del PEA (Plan Estratégico Allen). Omitiendo desarrollar los ejes integradores que contemplan la planificación sociocultural, la legal-institucional, la económica-productiva, y la ambiental, me permito recordar las propuestas surgidas para el eje del desarrollo urbano de Allen. La búsqueda pretendida por un amplio sector de la comunidad allense se encaminó hacia una ciudad con disponibilidad permanente de viviendas, espacialmente integrada, equilibrada funcionalmente, con un crecimiento ordenado en su periferia, buena accesibilidad y un tránsito ordenado. Para lograr esa imagen, se priorizaron tres Programas: a) Desarrollo Urbano; b) Desarrollo Habitacional; c) Ordenamiento del Tránsito.
Es necesario recordar que en cuanto al crecimiento físico de la ciudad, existen algunas condicionantes básicas. En cuanto al crecimiento hacia el Norte, las bardas ofician de barrera natural, requiriéndose importantes inversiones en servicios y equipamiento, además del tema referido a la propiedad de la tierra. Sobresale la ventaja de ser tierras libres de contaminación ambiental y sin riesgo ante potenciales desastres de inundación por colapso de represas. Con respecto del crecimiento hacia el Sur, si bien es factible la incorporación de infraestructura de servicios y equipamiento urbano, la casi totalidad de las tierras responden al uso rural productivo, siendo la explotación frutícola la columna vertebral económica de la ciudad y la región. Con relación al crecimiento hacia el Este, la actual disponibilidad de tierras permite considerar a esta expansión como una de las más factibles, debiéndose resolver, además de la infraestructura de servicios y el equipamiento urbano necesario, la situación de las piletas de tratamiento de los líquidos cloacales de la ciudad, y la actual apropiación ilegal de tierras. En la expansión hacia el Oeste, además de la infraestructura de servicios y el equipamiento urbano que naturalmente deben suministrarse, el mayor escollo está dado por la propiedad privada de la tierra.
En el Programa de Desarrollo Urbano se enunciaron proyectos que definen políticas de fortalecimiento para las tierras productivas, la relocalización de la actividad ladrillera, la consolidación de la estructura histórica de la ciudad, las actualizaciones de los códigos urbano y de edificación, la definición de una política local de uso de tierras ya urbanizadas, el estudio de cartas de oferta ambiental para la expansión urbana de la ciudad, el funcionamiento del Consejo Municipal de Planificación, y una política de estado municipal que otorgue al área de planificación continuidad de equipos profesionales.
En cuanto al programa de Desarrollo Habitacional se estima un déficit de 1.100 viviendas, que respetando la actual distribución poblacional se deberían resolver en un 20% para el sector rural, y el restante 80% para el sector urbano. Este último requiere una superficie cercana a las 30 Ha. Los proyectos surgidos en este Programa responden al mejoramiento de actuales viviendas precarias, planes de viviendas rurales, consolidación de los asentamientos rurales optimizando sus servicios y equipamientos, interconectar dichos asentamientos entre sí y con el centro de la ciudad, fomentar planes oficiales de viviendas, loteos y viviendas de interés social, impulsar en distintos niveles económicos la realización de viviendas por esfuerzo propio, inversiones privadas para viviendas de alquiler o venta, efectuar capacitaciones en autoconstrucción, pago de tasas municipales a partir de productos de elaboración propia.
Por último, el programa de Ordenamiento del Tránsito distingue cuatro tipologías de circulación. Ellas son la peatonal, la determinada por el uso de la bicicleta, la del automóvil (incluyendo a las motos) y la de los camiones. Los proyectos propuestos a desarrollar contemplan una playa de carga, descarga, y estacionamiento para camiones, un anillo de circunvalación para el tránsito pesado, la incorporación del servicio de transporte público urbano y rural, calles con prioridad para la circulación peatonal, el trazado de ciclovías urbanas y rurales, optimización de la señalización vial, la reforma de la actual ordenanza de tránsito pesado cuyo objetivo sea resguardar la vida humana, el mejoramiento de los accesos, incrementar la educación vial, y la realización de la terminal de transportes interurbanos y de larga distancia con buena accesibilidad para los usuarios y para las empresas prestadoras del servicio, sin invadir ni entorpecer la circulación cotidiana de la ciudad.
Existen varias formas de planificar la ciudad en la que vivimos, éste es el resultado de una de ellas, la participativa. Es importante garantizar su continuidad a lo largo del tiempo, permitiendo el desarrollo armónico de las potencialidades allenses y la corrección de los errores naturales que surjan. De esta manera podremos disfrutar mucho más de nuestras vidas, dejando la misma oportunidad para los futuros habitantes de Allen.


Arq. Rubén Esteban Cabo

miércoles, 6 de mayo de 2009

Diseño urbano, anomia social y anemia estatal

Cada uno de nosotros, más allá de reconocer fácilmente los aspectos físicos de la ciudad en la que vivimos, deberíamos considerar que la estructura interna de todo espacio urbano está integrada por varias estructuras. Es así que junto a la estructura física coexisten la histórica, la sensorial, la simbólica, y la vital (la población). Si bien éste no es el momento de describir cada una de ellas, sí debemos tenerlas permanentemente presentes. El paisaje natural siempre es modificado por la intervención humana, y es el ser humano quien define los rasgos dinámicos de todo espacio, mucho más allá de lo físico. Por lo tanto cada uno de nosotros caracterizamos al espacio como individualista o comunitario, solidario o no, de exclusión o de contención social, comunicándonos con susurros o a los gritos, con música y canto, o con silencios, respetando las normas o transgrediéndolas, etc.
Es la construcción de estos espacios lo que permite a la UCR suspender de por vida a Julio Cobos y ante un cambio de escenario sociopolítico convenir “un proceso de reunificación partidaria”. De la misma forma, quienes figuran en el padrón electoral de Santa Cruz pretenden ser electos por Buenos Aires. Están quienes pretenden encabezar listas electivas a sabiendas de que jamás asumirán dichos cargos. También podría detallarse una larga lista de aportes estatales recibidos por gremios y obras sociales afines al gobierno de turno y que jamás fueron rendidos, desconociéndose el destino final de los mismos. De igual forma, y en la construcción de un espacio nacional, se puede pretender hacer creer que la inseguridad es una sensación más allá de los robos y muertes concretas que se producen, y mientras desaparecen del museo de la Casa Rosada el bastón y la banda presidencial del Dr. Arturo Frondizi en las mismísimas narices de quienes fueron elegidos para resguardar los intereses de la Nación. Se podrían enumerar temas relacionados con el deterioro en la educación, desde el nivel inicial hasta el universitario, o el crecimiento de la economía en negro, de la violencia aceptada que implican los cortes de rutas, de la venta de tierras del “Impenetrable” en el Chaco, etc.
Pero también, ante situaciones críticas provocadas por inundaciones, incendios, sequías, desaparición de personas, epidemias, etc., es necesario resaltar las actitudes solidarias de muchísimas personas, básicamente expresadas a partir de una mayor interacción social. Según el pensamiento de Emilio Durkheim, la solidaridad puede considerarse mecánica u orgánica. En la solidaridad mecánica la conciencia colectiva cubre a la individual, casi anulándola, normalmente expresada en el derecho penal, y especialmente en normas de carácter represivo que imponen disminución a la persona. Con respecto a la solidaridad orgánica, la misma surge ante la toma de conciencia por la fragilidad que impone la mutua dependencia originada como consecuencia de la división del trabajo y la necesidad de cooperación, normalmente expresada en el derecho civil y comercial, especialmente en normas de carácter reparadoras.
De acuerdo a conceptos de Ernesto Aldo Isuani, las normas jurídicas, que son producto de los gobiernos de la sociedad, pueden definirse como disposiciones para regular la conducta social, con una vigencia legal, y otra que se efectiviza a partir de que la norma se transforma en comportamiento social. Por otro lado existen las costumbres, que son el producto de una herencia social con respecto de valores como la libertad, la solidaridad, etc. La transgresión a las normas jurídicas, generalmente provocadas por la debilidad del Estado para cumplir su función fiscalizadora, y la enajenación por las costumbres, generalmente provocada por una raíz cultural que ilegitima lo legal, originan bajos niveles de interacción social.

Anomia social y anemia estatal
“Cuando la asociación que se produce en el contexto de la división del trabajo no se realiza en forma regulada, cuando existe desorganización, se genera el fenómeno de la anomia con efectos desintegradores sobre las relaciones sociales” (Isuani, 1996, 109). Es decir, el concepto de anomia se refiere fundamentalmente a la ausencia de reglas que medien la relación de diversas partes de una sociedad. El mercado sin ningún tipo de regulación estatal es una importante fuente de anomia, como también lo es la disrupción que producen las etapas de transición. Esencialmente, la anomia refleja problemas de integración social, incrementando el individualismo y una mayor falta de contención de la sociedad. Coherentemente con expresado, la anomia también puede clasificarse en mecánica y orgánica. La anomia mecánica se centra en la falta de aceptación de las normas, donde la transgresión no es percibida como tal, y por ende no es considerada transgresión. Por otro lado, la anomia orgánica se centra en la falta de solidaridad, la desorganización, la inconsistencia sobre las ventajas de la cooperación, y especialmente una percepción de las ventajas que implica la mutua dependencia. Esto implica una gran ausencia de solidaridad orgánica, un individualismo extremo, y básicamente problemas de integración social.
En muchos Estados municipales, provinciales, e inclusive en el Estado nacional, existió y existe una enorme debilidad para fiscalizar y sancionar según las normas vigentes. Esto justificó una actitud privatizadora y el abandono de las responsabilidades estatales. “El fiscalizado poseía más poder que el fiscalizador, base misma de la impunidad” (Isuani, 1996, 113), es decir que el “poder director” no está en condiciones de velar por la “moral común”, inclusive llegando a estar en discusión la noción de “moral común”. Estas situaciones generan un mayor estado anómico, donde los intereses particulares están por sobre los intereses generales, arrojando como consecuencia directa, que el respeto por la ley ya no sea un valor social. “La responsabilidad fundamental de esta situación descansa en la arbitrariedad con la que las clases dirigentes han creado y utilizado la ley para su propio provecho o no han vacilado en despreciarla abiertamente, esto es violarla, cuando ha sido un obstáculo a sus intereses, sin ningún pudor u ocultamiento, y resultando esta violación en falta de sanción o impunidad.” (Isuani, 1996, 119)
Lamentablemente, son muchos los hechos que se suman a los ya enumerados y pueden recordarse para ejemplificar estos conceptos, yendo desde la trivialidad de la Ferrari “presidencial” transgrediendo impunemente todo tipo de norma de tránsito hasta la venta clandestina de armas y las muertes como consecuencia de las explosiones en Río Tercero, desde la “banelquización” del Congreso Nacional hasta las muertes en diciembre del 2001, desde el enriquecimiento censurable de muchos funcionarios hasta las muertes provocadas por el dengue gracias a la falta de previsión. El listado es enorme, y reafirma el concepto de que “Una sociedad fragmentada no ha podido engendrar actores sociales capaces de trascender perspectivas sectoriales para dar vigencia a normas y políticas centradas en la noción de bienestar colectivo. El resultado es la presencia de un Estado sin energía para actuar en dirección de dicho bienestar.” (Isuani, 1996, 125)
Estoy convencido que al dinamizar la estructura interna de nuestra ciudad, tanto en sus aspectos físicos, históricos, simbólicos, sensoriales, y vitales, se puede pensar en el diseño de un urbanismo que enfrente tanto a la anomia social como a la anemia estatal. En este diseño urbano, el sistema educativo, más allá de los temporales reclamos salariales y cortes de rutas, es uno de los pilares fundamentales, incluyendo a los lugares y los “no lugares” antropológicos que se entrecruzan, otorgando un nuevo perfil y entramado sociocultural al espacio urbano que habitamos.

Arq. Rubén Esteban Cabo
arqcabo@hotmail.com

Pasa el tiempo, y en el espacio, recorremos la vida

El Rector de la Universidad de Buenos Aires y el Decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, certificaron que el 4 de marzo de 1978 había finalizado mis estudios correspondientes al curso de Arquitectura, por lo que el 15 de diciembre de dicho año, me otorgaron el título de Arquitecto.
Desde ese momento y hasta el día de hoy son muchas las experiencias vividas. Como profesional, además de sobrevivir dentro del sistema socio económico imperante, pude trabajar coherentemente respetando mis principios sociales y filosóficos de respeto entre los seres humanos y para con la naturaleza. No fue, ni es simple mantener dicha coherencia, pero el esfuerzo siempre valió la pena, más allá de los logros obtenidos, a veces muy buenos, y otras no tanto.
Nada nos pertenece hasta que lo agradecemos, y por eso quiero expresar este sentimiento de gratitud a la vida, a mis padres, a mi esposa y mis hijos, a mi familia grande, y a mis amigos.
Como quien no quiere la cosa, estoy tratando de realizar una muy apretada síntesis de mis obras, las que poco a poco trataré de ir mostrando.
Por la posibilidad que me das de compartir estas ideas, un especial agradecimiento para vos.

Rubén Esteban Cabo

miércoles, 25 de marzo de 2009

Argentina democrática: ¿Para votar o para vivir?

Si bien las esferas dirigenciales y políticas ya hace un tiempo que vienen “acomodándose” con miras a las próximas elecciones de octubre, la mayoría de la población centra su mirada en otro tipo de necesidades.
Podría citarse el caso de los peronistas disidentes como Francisco de Narváez y Felipe Solá, y la relación especial con Mauricio Macri; o el entrecruzamiento que se produce entre López Murphy, Elisa Carrió, la Unión Cívica Radical, e incluyendo la articulación con el Socialismo; o la cena entre Daniel Scioli y Guillermo Vilas, donde el tema deportivo no debe haber figurado ni a los postres. Claro está que debe agregarse un sinfín de “adecuaciones” producidas desde la órbita oficial kirchnerista con quienes más se pueda, más allá de la filosofía partidaria de unos y otros. Mientras tanto la gran generalidad de la población necesita solucionar sus problemas de inseguridad, de cómo mantener su trabajo, de cómo absorber los aumentos otorgados a las empresas de transporte y poder seguir viajando, aunque sea mal, etc. Al mismo tiempo existe el desasosiego por el aumento en los servicios públicos, en los medicamentos, en cómo crece la cuenta del supermercado o del almacén, muy a pesar de los datos del INDEC. Más allá de los discursos, y agravando al tema, se suma la apatía de un gran sector de dirigentes nacionales con una escasa iniciativa por resolver estas necesidades, tanto a nivel político, como gremial, económico, social, empresarial, e inclusive eclesiástico. Generalmente el objetivo de este estrato dirigencial es mantener su ya logrado “status quo” personal.

Sociedad, Comunidad, y Democracia


Usualmente estamos acostumbrados a referirnos a la sociedad y no a la comunidad. ¿Cuál es la diferencia? Con respecto al tema, José Arocena en su libro “El Desarrollo Local: Un Desafío Contemporáneo”, expresa que “En su célebre tratado, Tönies (1977) sienta las bases de la oposición entre sociedad y comunidad. En las sociedades se expresan relaciones basadas en el egoísmo individual, en el cálculo, en el lucro, en el individuo desintegrado. En cambio, las comunidades son el resultado de procesos de integración. La comunidad es una estructura que existió antes de que la civilización del dinero y del lucro pervirtiera todo, antes de que el dominio de las máquinas deshumanizara la convivencia”. Esto puede llevarnos a creer que el concepto de comunidad es anticuado, prescripto, que encierra una relación social simplista. Pero no es tan así, y el mismo Arocena lo refleja al especificar que “La comunidad no es por lo tanto un hecho social que expresa una forma primitiva de relación. Es más bien un sistema de relaciones complejo que genera asociaciones entre individuos en función de determinados valores. Pero, como en todo proceso de socialización, se trata de la creación de vínculos –siempre asociados a relaciones de poder y, por consiguiente, a situaciones conflictivas–” Es decir, para vivir en comunidad se hace necesario establecer pautas, y es entonces donde el sistema democrático toma realce.
Para pensar en este régimen recurro al concepto que manifiesta que a la democracia hay que “…considerarla como un conjunto de reglas (primarias o fundamentales) que establece quién está autorizado para tomar las decisiones colectivas y bajo qué procedimientos. Todo grupo social tiene necesidad de tomar decisiones obligatorias para todos los miembros del grupo con el objeto de mirar por la propia sobrevivencia, tanto en el interior como en el exterior. Pero incluso las decisiones grupales son tomadas por individuos (el grupo como tal no decide). Así pues, con el objeto de que una decisión tomada por individuos (uno, pocos, muchos, todos) pueda ser aceptada como una decisión colectiva, es necesario que sea tomada con base en reglas (no importa si son escritas o consuetudinarias) que establecen quiénes son los individuos autorizados a tomar las decisiones obligatorias para todos los miembros del grupo, y con qué procedimiento.” (Bobbio; 1.996; 14)
Existen distintos tipos de sistemas democráticos. Uno de ellos es el de la democracia directa, puntualizando que si se entiende a la democracia directa por la participación de todos los ciudadanos en todas las decisiones, esta propuesta es inviable para el conjunto de las naciones, careciendo de sentido su pretendida aplicación, ya que es materialmente imposible de concretar en la actual escala de la humanidad. Otro de los sistemas es el que corresponde a la democracia representativa. En este sistema las deliberaciones colectivas las hacen personas elegidas al efecto. Si bien una aplicación particular de este sistema es el del Estado Parlamentario (órgano central representativo) y que hoy está extendido a otras instancias como municipios, provincias, etc., dentro de la democracia representativa se define fundamentalmente al Estado Representativo, donde las deliberaciones políticas principales las hacen los representantes elegidos, sin importar si es en el parlamento o en otros organismos. Dentro de las contradicciones políticas de este sistema existen dos temas ineludibles de abordar. Uno se refiere a los poderes del representante, y el otro al contenido de su representación. Los axiomas referidos a estos dos temas deben buscarse en las respuestas que se obtengan de los interrogantes sobre qué “cosa” representa el representante, y “cómo” lo representa. A partir de la importancia, su complejidad teorizante, y su resolución pragmática, éste es un tema que merece un tratamiento exclusivo y un desarrollo aparte. Aunque no lo parezca, estos dos sistemas democráticos no son incompatibles, e inclusive pueden llegar a integrarse en las diversas estructuras urbanas que conforman a toda ciudad o pueblo, especialmente en su estructura vital, estructura referida especialmente a su población y que da forma a las costumbres, valores humanos, etc.

¿Democracia para votar o para vivir?



Si adoptamos la imagen de una pirámide invertida donde en su vértice inferior se ubica el poder político del Estado Representativo, y en su borde superior el de los sujetos representados, se puede afirmar que el flujo del poder burocrático se mueve de abajo hacia arriba, y que el poder político del sujeto como ciudadano se mueve de arriba hacia abajo. En este rol de ciudadano el ámbito de las relaciones políticas se expande hasta concebir la esfera de las relaciones sociales, constituyendo un espacio para ejercer el poder, y desde una democracia social. Por ello se puede pensar que vivimos en un proceso de democratización que va más allá de la discusión entre las democracias directa y representativa.
No se debe ignorar que el sistema imperante prioriza el concepto de sociedad por sobre el de comunidad. A pesar de ello, intentemos posar nuestra mirada en el proceso que permita transportarnos desde una democracia política hacia una democracia social. En ese proceso se podría observar que la democracia social implica la extensión del poder político de cada sujeto, y pasar de la democratización del Estado, es decir la democracia política, a la democracia cívica, es decir a la democratización de la sociedad.
La democracia política es necesaria para no caer en un régimen despótico, pero no es suficiente. Toda decisión política siempre está condicionada, incluso determinada, por lo que ocurre en la sociedad, siendo la sociedad misma, la que de una forma u otra, siempre se manifiesta. Mal podemos pensar en una democracia política ecuánime, justa, equitativa, imparcial e incorruptible, cuando existe una altísimo porcentaje de sujetos con necesidades básicas insatisfechas, o peor aún, sin posibilidades ciertas de aprehender conocimientos que le permitan ser libres, disentir, elegir libremente. Más allá de la emisión de un voto para elegir un representante, es fundamental construir una democracia cotidiana en cada espacio social del que formamos parte: la escuela, el trabajo, el barrio, la universidad, el gremio, el club, la familia, la ciudad, la mesa de café o la rueda de mate. Esta democracia de todos los días, además de permitirnos votar a nuestros representantes, debe permitirnos estar libremente en desacuerdo para lograr acuerdos democráticos.
En síntesis, “Solamente allí donde el disenso es libre de manifestarse, el consenso es real y que, solamente allí donde el consenso es real, el sistema puede llamarse justamente democrático.” (Bobbio; 1996; 48)

Arq. Rubén Esteban Cabo / Publicado en Diario Río Negro 25/03/09